GonDopazo

GonDopazo en Lexfiction 14 de Marzo de 2018

el ojo que ve la felicidad

Juan se dirigía a la iglesia un domingo por la tarde, estaba desesperanzado, había perdido el trabajo y separado de su pareja. Era una persona que siempre se hacía problema y hacía un mundo de todo lo que le pasaba, como si la las cosas malas del mundo siempre recayeran en él o directamente sea la victima de las maldades de otro.

Su fe era su única amiga, creer le daba esperanza de que todo podía mejorar, por esa razón iba a la iglesia cuando su situación no iba bien. Al llegar se sentó en uno de los bancos largos de la parte del medio de la iglesia. En ese momento junto sus manos y se tomó su tiempo orando en silencio.

Luego de 5 minutos, volvió de frente y con los ojos abiertos, fijando la mirada hacia el horizonte del lugar. Le encantaba ver las hermosas esculturas religiosas que tenían ahí. Lo calmaba, a pesar de sus frustraciones, lograban dejarlo en un estado de gran tranquilidad.

Entre miradas cambiantes en todo su entorno, logró divisar a un joven casi de su misma edad sentado más en el frente. El joven, no estaba solo, tenía una acompañante femenina que al parecer era su pareja, por la forma en la que ponía su cabeza sobre el hombro de él. La diferencia de asientos entre Juan y el otro chico era de apenas 4 bancos, por lo que podía ver bien todo lo que lo rodeaba. Pudo ver que llevaba una camisa de marca Kevigston bien a la moda, unos buenos zapatos y parecía lucir bien de aspecto, acompañado de un perfil bastante llamativo. Con el pasar del tiempo en que Juan analizaba de reojo al joven, sentía como poco a poco su frustración crecía. Siempre envidiaba lo que tenían los otros. Lo que él tenía nunca era suficiente, aun cuando tenía trabajo, solía decir que merecía uno aún mejor. De su ex pareja, siempre se quejaba, porque siempre esperaba que se comporte de determinada forma y por esa razón las peleas entre ellos eran numerosas y duraderas.

En cuanto Juan volvió a poner el ojo en el chico, observó cómo su pareja lo besaba con una intensa pasión. Esto lo ponía con un mayor grado de envidia, puesto que con su ex novia nunca se besaban de esa forma. Siempre recalcaba que la culpa era de ella y no de él, que por el hecho de que la mantenía, debía respetar sus caprichos y mandatos. Con una ultimo vistazo hacia el frente, se quedó viendo con detenimiento el panorama del joven y su chica. Parecía la vida perfecta, con buen aspecto, buena ropa y una chica que lo amaba con tan solo observar las caricias que le daba en su mejilla.

No pudiendo soportar la envidia que lo carcomía por dentro, Juan simplemente se levantó y con un caminar que reflejaba desanimo, se marchó del lugar. Antes de que atravesara la puerta de salida, miró hacia atrás una vez más y con un pensamiento fuerte susurró: Lo que daría por tener esa vida. Luego de eso Juan finalmente cruzó la puerta y abandonó la iglesia por completo.

Resultado de imagen para el ojo que ve lo que quiere

En ese instante el joven que se encontraba con su pareja se le cayó una lágrima de su ojo. Su novia le secó la lágrima y le recordó que siempre iba a estar para él. Pero el problema del joven no era que dudaba de la palabra de su amada, era que no sabía cuánto tiempo le quedaba con ella. Hace un mes el chico, había ido al doctor por un fuerte dolor en la cabeza. Lamentablemente el medico tuvo que decirle que lo que tenía era un tumor maligno y que no había ninguna cura posible para su enfermedad. Según su diagnóstico, la esperanza de vida era de entre 6 y 8 meses. No le quedaba mucho, y a pesar que parecía que lo tenía todo, ese todo no valía nada si su salud no le permitía disfrutarlo como él quisiera.

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Juan sin darse cuenta había visto una felicidad falsa. Eso que parecía algo maravilloso, era en realidad algo sumamente estresante y lo bueno de todo lo que había en ese ambiente, tenía fecha de espiración. Imaginarse una realidad completamente distinta a lo que parece. Pero eso ocurre porque los ojos engañan mucho. Nos quejamos de nuestros problemas y creemos que el otro tiene la vida perfecta, cuando en realidad es tan solo un simple ojo que ve lo que tiene ganas de ver. Los ojos no se mueven hacia adelante, ven una percepción aproximada de lo que observan a determinada distancia. Para verlo con la claridad ideal, se necesitan las piernas para seguir caminando hacia el lugar y luego usar los brazos para sentirlo en todos los aspectos. Pero si nos quedamos quietos, solo son ojos que ven lo primero que les llega a la mente. Así lo dijo Henri Bergson: “El ojo ve lo que la mente esta preparada para comprender”.

Por Gonzalo Dopazo

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